miércoles, 16 de noviembre de 2011

Todo es empezar.

Empecé a quererme más, en vez de echarte más de menos, y a empezar a encontrar el sol hurgando el cielo. Mientras quede algo de mi, ningún lugar esta prohibido. Empecé a escuchar la voz de mis latidos... Volé mas alto, llegué mas lejos... me puse a flote izando el viento y achicando el corazón. Volví a dejarme querer, volví con ganas de volver, volví a entender que todo empieza donde acaban mis pies, volví a dejarme soñar. Volví sin miedo y sin dudar. Todo está en volver a querer, supe que a "imposible" le sobran dos letras, supe que hay latidos que mueven la tierra.



¿Para qué emborracharte de olvido si te vas a beber lo vivido?




sábado, 12 de noviembre de 2011

*

 "Odio como me hablas y también tu aspecto, no soporto que lleves mi coche ni que me mires así. Aborrezco esas botas que llevas y que leas mis pensamientos. Me repugna tanto lo que siento que hasta me salen las rimas. Odio, odio que me mientas, y que tengas razón. Odio que alegres mi corazón. Pero aún más que me hagas llorar. Odio no tenerte cerca y que no me hayas llamado. Pero sobre todo odio no poder odiarte, porque no te odio, ni siquiera un poco..."



  
Nada en absoluto.





(10 razones para odiarte)

miércoles, 9 de noviembre de 2011

Reinventar.

Inmersa en un mundo nuevo, en el mundo de aquellos que les cuesta respirar, en un mundo más hermoso, más puro. Más lleno de amor, de deseos, de pasiones, de sonrisas enamoradas y de miradas que lo dicen todo. Un mundo diferente, en el que pocos salen vivos. Y ahora, me veo malherida, saliendo de aquel lugar lleno de soñadores, de risas sin sentido, de felicidad sin pausa. No quiero volver, nunca, todo son falsas promesas y caricias que no llevan a ninguna parte. Todo iba bien, tan estúpidamente bien... pero de repente todo cambia, todo se acaba, todo tiene que acabar, y se acabó. Salí de aquel mundo con heridas irreparables, con unas cuantas lecciones de más y unos cuantos sentimientos de menos. Tenia que volver otra vez a casa, sin esperanzas y sin ganas de emprender un nuevo viaje hacia el mundo que me había dejado sin sueños y sin amor.




"Sólo me queda esperar, verte pasar, reinventar."





lunes, 7 de noviembre de 2011

Batecs.

Les joves promeses d'estiu, el soroll de les onades, el gust d'un petó càlid, aquelles carícies, les mirades còmplices, els més bonics dies, aquelles nits... Tots els records m'apareixen fugaços, com l'aire que bufava aquella tarda d'Agost. Estic asseguda en un racó de la finestra, mirant com passa el temps. Fa tres mesos que no surto d'aquella petita casa, que encara fa olor a tu. Potser es una manera de dir-te que encara t'espero, que encara em tens aquí, que el teu record encara és present. Agafo la tassa de cafè i li faig un glop, es agre, com els meus últims dies. La teva bata, encara la duc posada, encara que la calor es notable, no me l'he tret des de llavors. Deixo que les llàgrimes corrin per les meves galtes, intento no pensar, però m'és impossible. La teva mirada m'apareix cada vegada que intento oblidar-la. Si fossis aquí, ara potser estaríem mirant des del port aquella posta de sol que tant ens agradava, potser estaríem prenent un gelat a prop de casa, potser estaríem enfadats, potser t'odiaria, potser odiaria la teva forma de fer-ho tot tan perfecte, però estaríem junts, i això és més del que podria desitjar. Tanco els ulls i els records d'aquell primer estiu junts s'apropen...

Aquell matí, com cada dia d'Agost, em vaig despertar en la petita casa de la Costa Brava, que cada any llogàvem per passar l'estiu. Vaig baixar corents les escales i em vaig menjar amb pressa aquelles torrades recent fetes, vaig agafar la bicicleta i me'n vaig anar a la meva cala. Sempre hi anava allà, em feia sentir bé, podia pensar, escoltar el soroll del mar i notar que el sol em broncejava la pell. I si, com cada matí, el vaig veure corrent per la vora del mar, esportiu, a ritme ràpid. La suor càlida li relliscava per la cara. Càlida com la seva pell, càlida com tot ell. El seu traç moré, perfectament broncejat, destacava entre aquell dia clar. S'acosta somrrient, potser perquè s'ha llevat feliç, o potser qui sap... pel simple fet de tenir-me cada vegada més aprop. De sobte batecs. Batecs acelerats. Batecs de cors somiadors, batecs de dos cors units per l'esperança. Per aquella esperança d'estar junts, o simplement batecs, per aquell que serà un dels millors estius. Sona el telèfon, és l'Eulàlia, com cada dimarts em truca per si les coses em van bé, i què dir-li? Un d'aquells batecs s'ha apagat, ja no el sento. Només sento el de dins meu, que cada dia intenta retrobar l'altre. No sé que dir-li a l'Eulàlia, les coses sempre més aniran igual, la meva vida no crec que faci un canvi, és més no vull canviar res. Si surto, potser conec algú, i és aquesta la raó per la qual no ho vull, tu podries pensar que ja no t'estimo, i això t'ho prometo, no ho deixaré de fer. Em vas prometre que no em deixaries mai més, sé que no te n'has anat per què volies, però tot i així l'has trencada. Però, què són les promeses? Simples paraules espontànies, no té sentit, mai ningú les compleix. Jo n'he feta una, ja deus esperar-te quina és. Entre la calor d'aquell dia, comencen a caure unes petites gotes de pluja, serà que el temps també està trasbalsat, pluja d'estiu: cridanera, però ràpida. No com els meus records. Passen els dies com les fulles van caient dels arbres, i no et veig per aquí. És absurd, el teu batec mai tornarà. Però tranquil, que si algun dia vols venir-me a fer una visita, la teva roba encara conserva la teva olor, les galetes de vainilla que més t'agraden encara estan al segon calaix de la cuina, el llit segueix sent de dos, i el meu batec segueix aqui. Ja se que tu no hi ets, que tot és temps i que les coses passen, però et sento tan a prop que no em puc creure que aquest buit ja sigui per sempre.




"Març/Abril 2011"

domingo, 6 de noviembre de 2011

Desafiando lo que está escrito.

Me levanté temprano, con la lluvia de fondo. Era un día de aquellos tantos que pasaba en casa encerrado en mi habitación, leyendo, pensando y observando aquellas pequeñas gotas que se iban pegando en el cristal. Decidí ojear aquel libro gris que me había comprado mi madre en la pequeña tienda de debajo de casa. Abrí la página 120 como hacía siempre, aunque casi ya no me acordaba por qué lo hacía. Y entonces lo vi. Vi aquel nombre escrito con una perfecta caligrafía. Y la recordé, tan bella, tan joven. Recordé aquel invierno y aquel día que cambió el destino de las cosas. Cuando menos te lo esperas el pasado puede venir a remover el presente, y nunca sabes a donde te va a llevar, sólo puedes confiar en que sea un sitio al que deseas ir.

Recuerdo aquel invierno, diez años atrás, donde la nieve se apoderaba de todos los rincones de la ciudad. Estaba vagando aquella noche por las pequeñas calles llenas de luces. La navidad estaba a la vuelta de la esquina, la gente ya empezaba a decorar sus casas, y la felicidad iba creciendo en su interior. En mí sólo crecía la desesperanza, la amargura, la debilidad y el frío. Aquel frío de invierno que no me dejaba ni apenas respirar, aquel frío que me helaba por fuera, y por dentro. No estaba pasando un buen momento, todo lo de mi alrededor me irritaba, me maldecía, crecía en mi por momentos la infelicidad. Estaba hurgando en una tienda de antigüedades algún libro que no hubiera leído ya, cuando apareció. Ella inundó con su mirada mis ojos tristes. Nunca había visto a nadie con una mirada tan llena. Y hablamos. No sé por qué pero hablamos. Y nos reímos, eso lo recuerdo bien. Fue la primera noche en años, en que me sentí afortunado. Se estaba haciendo tarde y la despedida se acercaba. Tuve la esperanza de que la volvería a ver, pero no me quiso decir su nombre, ni su dirección. Estaba perdido. Había encontrado mi mitad, y ni siquiera sabía como se llamaba. Se fue. Y me quedé allí de pie, inmóvil, viendo como se perdía entre la gente. Y empece a correr hasta que la alcancé, la detuve y me miró. Sacó el libro que se compró en la tienda, abrió la página 120 y escribió su nombre y su teléfono. Luego fue a una pequeña parada y lo vendió. Me dijo, que si nuestro destino era volver a encontrarnos, aquel libro llegaría a mis manos. Y así sin más, se fue. Otra vez. Estuve tantos meses buscando aquel libro, que me enloquecí. Luego, supongo que me cansé de buscar algo sin sentido. Me olvidé de aquella chica de pelo rubio y mejillas rojizas y aquella noche de mi vida se fue apagando en mis recuerdos.

Cerré el libro y la llamé. No sabía que le diría, ni si se acordara de mi, pero la llamé. Oí su voz, la recordé de inmediato, y le explique lo sucedido. Quedamos. Y nos reímos otra vez, como aquella vez. Es curioso como las cosas pasan. Tenía mi destino tan cerca, debajo de casa, delante de mis narices... Pero me dijo adiós, ella y su mirada me dijeron adiós. Sabía que eso pasaría, sabía que nuestra historia tenia que haber empezado diez años atrás, no ahora, pero ella quiso desafiar al cruel destino y no funcionó. La magia de aquella noche no apareció de nuevo. No querría que me dijera adiós porque lo nuestro nunca había empezado. Y entonces comprendí que el destino es una buena cosa cuando todo te va bien, cuando eso no es así, no se le llama destino, se le llama injusticia, traición o simplemente mala suerte.





"Text escrit el matí del 6 de Novembre de 2011"