jueves, 29 de noviembre de 2012

Tras cada hoja que cae, se va un amor. Los días grises de otoño esconden el pesimismo de una vida que se acaba por momentos.  Se van los amores con un regusto amargo y luego te encuentras sola, y llega el puto invierno, que te nubla el corazón. No sé como a alguien le puede gustar el frío... con sus colores vacíos y los paisajes sombríos que dibuja. Llega y ya no tienes esas ganas de levantarte para hacer algo grande. Lo haces sin más, por pura rutina. 


Las hojas que caen son un reflejo de mi. Se me van las pequeñas cosas, dejándome desnuda de olores, calores y pasiones. Todo lo bueno se marcha, aunque dicen que si se marcha es para volver luego, con más y mejor. Llega el buen tiempo y esas ganas de vivir florecen. Y mi pregunta es: ¿Y si nunca llega esa primavera? Ya no pido el verano.. solo quiero que nazcan nuevas flores con sus colores y que me vistan de felicidad. Las estaciones pasan, y en mi solo hay puro invierno. Que no se marcha. Parece que se ha enamorado de mi, y al ver que no lo hacia nadie más, ha decidido quedarse.

Tras cada hoja se va el calor de aquel amor, pero tras cada otoño se va una historia, Y yo estoy feliz. Feliz porque nuestra historia nunca ha empezado y el viento no me la puede quitar. Pues seguiré imaginando que te tengo, y que no te marcharas ni por la lluvia ni por nada. Que te quiero en cada estación... y que se vive de ilusiones... pero con esperanzas uno se muere. Y a pesar de todo lo demás, tu no cambias ni yo tampoco. Que, tras cada hoja que cae, nos hacemos más fuertes, porque nada es real... y que te quiero así, imposible, ya que en todas las buenas historias, aunque no lo creamos, sopla el viento, Y todo acaba. Pues yo te imagino, y así superaremos tempestades.













lunes, 26 de noviembre de 2012


Apurando ese último sorbo de café con sabor a “mi vida no tiene sentido”,  entrelazo mis dedos por mi pelo, como solías hacerlo tú, y levantando la mirada sin saber muy bien que mirar, veo gente. Gente que habla, gente que escucha, gente que piensa, gente que ríe. Gente y yo. Sentada en una pequeña mesa del bar, observando la vida.

Me cuestiono cosas a montones, pero nunca hallo respuestas. A veces es mejor no encontrarlas, ya que muchas de ellas te hacen más mal que bien. Miro la gente y pienso qué será de sus vidas. ¿I qué es de la mía? No tengo ni la más absoluta idea. Intento hacerlo lo mejor posible, eso de vivir me refiero. Pero no sé yo… No soy perfecta ni tampoco quiero serlo. No me gusto y me quejo, pero no debería, ya que tengo gente que mataría por mí. Todo el mundo tiene sus complejos y sus debilidades, pero pienso que eso es lo que nos hace especiales. Ya que al fin y al cabo, los pequeños detalles son los que marcan la diferencia. Y los tuyos me encantan. Y estos son los que me hacen quererte a rabiar. Y ya estoy pensando otra vez en ti. ¿Lo ves? Todo gira sobre ti. Sé que debería dejarlo ya, dejar de montarme historias, y momentos que nunca pasarán. Quiero dejar de pensar en tu sonrisa cuando te hablaban de mí, y quiero olvidar ese “hasta siempre”.  “Cuestión de tiempo”, decían. “Este chico no sabe lo que se pierde”, decían. No sé lo que se pierde, lo que si que sé es lo que me estoy perdiendo yo. Me pierdo y te pierdo. Y luego me encuentro pero no te encuentro. Triste, lo sé, esto es la cruda realidad. Y me alivio al pensar que no soy la única que pasa por esto. ¿Qué sería de mí sin ti? Bueno… qué coño es de mí sin ti. Suspiro. Me levanto de mi sitio y deseo que al hacerlo mis palabras se queden allí, en un rincón, a solas. Y que me dejen tranquila y vacía de sentimientos. Aunque sé que he ido a este bar y me marcho ahora porque tu pasas por delante cada miércoles a esta hora. La vida es así, nada se olvida si uno no quiere. Y yo no quiero… Así que seguiré pensando, yendo al mismo bar, y viéndote pasar por más que me duela. Ya que el simple hecho de verte me hace feliz. Sí, parezco imbécil, pero tu también lo has hecho alguna que otra vez. Somos mujeres, de mente compleja (o eso dicen), ya lo sabes tu bien.